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La aparición de vida inteligente en la Tierra ha sido considerada durante mucho tiempo como un evento altamente improbable, resultado de la suerte y un montón de factores que parecen encajar todos perfectamente, el resultado de una serie de coincidencias afortunadas que nos llevaron hasta donde estamos hoy. Sin embargo, investigaciones recientes cambien esta perspectiva y sugieren que la inteligencia podría ser una consecuencia natural de procesos evolutivos en planetas habitables (todos aquellos que cumplieran con esta serie de afortunados acontecimientos, como distancia al sol, temperatura, agua líquida entre otros). Si esto es cierto, el universo podría estar lleno de civilizaciones que, como la nuestra, han evolucionado a partir de condiciones específicas y óptimas.

La inteligencia como resultado natural de la evolución

Durante décadas, los científicos han debatido si la aparición de vida inteligente es un evento raro o si, por el contrario, es un resultado natural del proceso evolutivo en ambientes propicios. Un estudio reciente publicado en Science Advances propone que la evolución de vida compleja e inteligente podría ser mucho más común de lo que se había pensado. En lugar de considerar que la aparición de inteligencia depende de una serie de pasos improbables, los investigadores dicen que la inteligencia puede surgir como consecuencia de condiciones planetarias predecibles y de procesos biológicos que lleva la evolución. Si la vida inteligente no es una anomalía, sino un paso natural del desarrollo de organismos los organismos, entonces podríamos estar viviendo en un universo donde muchas civilizaciones hayan alcanzado distintos niveles de tecnología y conocimiento. (Aunque dicho lo anterior, el universo podría ser un zoológico lleno de vida, en planetas en donde la vida tiene diferentes niveles de evolución, cuyo resultado sería la inteligencia en algún momento).

Este modelo desafía la idea tradicional de que la vida en la Tierra evolucionó hasta alcanzar la inteligencia por una serie de coincidencias improbables. En cambio, dice que siempre que las condiciones sean similares a las de nuestro planeta, la selección natural podría llevar a organismos a desarrollar cerebros más complejos y habilidades cognitivas avanzadas. Si esto es cierto, muchas otras formas de vida inteligentes podrían haber surgido en la historia del universo, lo que abre preguntas sobre cuántas de ellas podrían seguir existiendo o cuántas han desaparecido a lo largo de la historia del mismo, esto además añadiría alguna que otra variable a la ecuación de Drake.

El papel de las geociencias en la evolución de la vida

Para que un planeta pueda albergar vida compleja, no solo es necesario que se encuentre en la «zona habitable» de su estrella, la llamada «zona ricitos de oro», no muy frío, ni muy caliente, sino que también debe contar con una geología y una dinámica planetaria que faciliten el desarrollo y la evolución de organismos vivos, si la geología cumpliría un papel importante. La tectónica de placas, la actividad volcánica, la atmosfera y la cantidad de agua líquida son factores que influyen en el clima y en la disponibilidad de nutrientes esenciales para la vida. La interacción entre estos elementos y la biología puede dar lugar a ambientes propicios para la aparición de seres vivos cada vez más complejos.

Por ejemplo, la actividad volcánica libera gases y minerales que pueden ser aprovechados por organismos fotosintéticos para modificar la atmósfera y aumentar la cantidad de oxígeno disponible. Este proceso, que en la Tierra fue clave para la aparición de organismos aeróbicos, podría repetirse en otros planetas con condiciones similares, solo conocemos hasta el momento esa serie de pasos en donde la vida se abrió camino. La presencia de océanos y la capacidad de un planeta para regular su temperatura ayudaron a la estabilidad de los ecosistemas, lo que podría facilitar la evolución de formas de vida más avanzadas. No responde claro, como fue que el primer organismo fue creado, solo que las condiciones geológicas importan.

¿Podrían los dinosaurios haber desarrollado inteligencia?

Uno de los mayores «giros» en la historia de la evolución en la Tierra fue la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, causada por el impacto de un asteroide en la península de Yucatán, México. Este evento permitió que los mamíferos proliferaran y, así, condujo a la aparición de los humanos. Esto plantea la pregunta: si el asteroide no hubiera impactado, ¿Podrían los dinosaurios haber evolucionado hasta desarrollar inteligencia, ¿No habría ya surgido algún ser lo suficientemente inteligente?

Algunos paleontólogos han especulado que ciertos dinosaurios, como el Troodon, mostraban signos de alta inteligencia. Se ha estimado que este dinosaurio tenía un cociente de encefalización (una medida del tamaño relativo del cerebro en relación con el cuerpo) mayor que otros reptiles de su época. Si hubieran continuado evolucionando durante millones de años, es posible que habrían desarrollado habilidades cognitivas comparables a las de los primates y, tal vez, incluso una civilización tecnológica.

De Greg Heartsfield – Flickr: DSCF0769, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31534569

Sin embargo, la inteligencia no es el único camino evolutivo exitoso: especies como los cocodrilos han permanecido prácticamente inalteradas durante millones de años, al igual que los tiburones, mantis religiosas, entre otras, sin necesidad de desarrollar cerebros complejos. Por lo que contradice al hecho de que el fin de la evolución no es la inteligencia, sino la adaptabilidad el medio, ya habría muchas más especies inteligentes y consientes de si mismas en el planeta, ¿O es acaso que la más inteligente diezma a las demás como lo que se piensa que sucedió con los neandertales?

Reflexiones sobre civilizaciones pasadas y futuras

Si la vida inteligente puede surgir con relativa facilidad en planetas habitables, también es posible que muchas civilizaciones hayan aparecido y desaparecido sin dejar rastro, esto nos pone aun más en aprietos como civilización, significaría que no es tan fácil convertirse en una civilización interplanetaria. La actividad geológica de un planeta, como la tectónica de placas y la erosión, puede borrar evidencias de civilizaciones anteriores. En la Tierra, estructuras construidas por el hombre podrían desintegrarse completamente en escalas de tiempo geológicas, dejando pocos vestigios de nuestra existencia dentro de millones de años, la única esperanza sería encontrar alguna fuente de comunicación como una señal de radio antigua, una estructura como una nave o una esfera de Dyson.

Si existen otras civilizaciones en el universo, ¿Podremos alguna vez encontrar rastros de ellas? La búsqueda de biofirmas y tecnofirmas en exoplanetas podría proporcionar pistas sobre la existencia de otras formas de vida inteligente. La exploración de nuestra propia historia geológica podría revelar lo efímeras que pueden ser las civilizaciones en el contexto del tiempo cósmico.

La posibilidad de que la inteligencia sea una consecuencia natural de la evolución en planetas habitables redefine nuestra perspectiva sobre la vida en el universo. Si la inteligencia no es un evento raro, sino un resultado predecible de la evolución, podría haber muchas civilizaciones más allá de la Tierra. Sin embargo, también implica que la supervivencia de una civilización depende de su capacidad para adaptarse a los cambios y evitar su propia extinción.

Referencias:

  • «New theory ups the odds that intelligent aliens exist» – Popular Science
  • «Si vivieran hoy, los dinosaurios no habrían evolucionado hacia la inteligencia» – Levante-EMV

Por Pablo Alonso Rodríguez

Ingeniero en sistemas computacionales, Maestro y Doctor en Geociencias, certificado en organizaciones positivas y psicología positiva. Tengo experiencia en geoinformática, cálculo numérico, docencia y proyectos de redes sociales y desarrollo web. Mi objetivo es democratizar y promover la participación activa de las personas en la producción y difusión del conocimiento, fomentar la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico. Soy aprendedor, coleccionista de corcholatas, aficionado de la ciencia ficción y a los juegos de mesa.

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