El mes de septiembre de 2025 se presenta como una ventana privilegiada al cosmos para los observadores del cielo en México. Aunque no habrá eclipses visibles, el calendario astronómico ofrece una serie de eventos para disfrutar con calma, donde la historia, la cultura y la ciencia se entrelazan bajo el mismo cielo que miraron las antiguas civilizaciones mesoamericanas.

El equinoccio: cuando el sol toca la historia

Uno de los momentos más significativos del mes tendrá lugar el 22 de septiembre a las 12:19 PM (hora del centro de México): el equinoccio de otoño. Este evento, que marca el instante en que el día y la noche tienen casi la misma duración, era mucho más que un cambio de estación para las culturas prehispánicas.

Ese día, el Sol sale casi exactamente por el este y se pone por el oeste, un alineamiento solar que fue meticulosamente registrado en imponentes construcciones. En Chichén Itzá, durante el ocaso, se produce el famoso descenso de la serpiente emplumada, Kukulkán, por la parte norte de la pirámide, un fenómeno de luz y sombra que simbolizaba la unión del cielo con la tierra. En Teotihuacán, la Calzada de los Muertos y las pirámides se alinean con precisión, marcando ciclos agrícolas cruciales para la siembra y la cosecha, así como importantes rituales religiosos.

Imagen de Embajada de México en Finlandia

El equinoccio era, y sigue siendo para muchos, un recordatorio de la profunda conexión entre el cosmos y la vida en la Tierra, una herencia cultural que se revive cada año en estos centros ceremoniales, donde miles de personas se visten de blanco para «cargarse de energía» en una tradición que mezcla el pasado con el presente.

@matutino_1179 La serpiente emplumada desciende en Chichén Itzá durante el equinoccio de primavera #kukulcán#equinoccio#ChichénItzá #Mayas #marzo #fyp ♬ sonido original – Matutino 1179

La luna de maíz: una celebración de la cosecha

La primera luna llena del mes, que ocurrirá el 7 de septiembre, lleva un nombre especial que resuena profundamente en la identidad mexicana: Luna de Maíz. Este apodo, heredado de tradiciones nativas norteamericanas, se adoptó por coincidir con el final del verano y el inicio del otoño, el momento de la cosecha del maíz, un cultivo fundamental que ha sido la base de la alimentación y la cultura en México por milenios.

La Luna de Maíz ilumina los campos listos para ser recolectados, actuando como un faro natural que celebra la abundancia y la vitalidad de la tierra. Su proximidad con la conmemoración del Día Nacional del Maíz en México (29 de septiembre) la convierte en un símbolo celeste de la importancia cultural, histórica y alimentaria de este grano.

Saturno: el rey de las noches de Septiembre

El protagonista planetario indiscutible del mes será Saturno. El 21 de septiembre, el gigante anillado alcanzará su oposición, lo que significa que la Tierra se situará directamente entre Saturno y el Sol. Esto lo colocará en el punto más cercano a nosotros y lo hará brillar con la mayor intensidad del año.

Desde aproximadamente las 9 de la noche (hora del centro de México), Saturno será visible hacia el sureste, elevándose en el cielo y alcanzando su punto más alto alrededor de la medianoche. La coincidencia con la Luna Nueva de ese mismo día garantizará cielos excepcionalmente oscuros, perfectos para la observación. Con un telescopio pequeño, no solo se podrán distinguir sus majestuosos anillos, sino también Titán, su luna más grande.

Imagen digital de Saturno agrandado varias veces su tamaño

Otros encuentros cercanos en el cielo

El cielo de septiembre estará dinámico con conjunciones y encuentros delicados:

  • El 8 de septiembre, la Luna y Saturno formarán un par luminoso fácil de encontrar en el sureste después del anochecer.
  • Al amanecer del 19 de septiembre, un triángulo celestial se formará en el horizonte oriental con la delgada Luna creciente, el brillante planeta Venus y Régulo, la estrella más brillante de la constelación de Leo.

Septiembre invita a levantar la mirada. No se necesitan grandes espectáculos, sino solo la curiosidad para apreciar cómo la danza constante de los planetas y las estrellas sigue escribiendo su historia, la misma que, desde tiempos inmemoriales, ha guiado y maravillado a los habitantes de lo que hoy es México.

Por Pablo Alonso Rodríguez

Ingeniero en sistemas computacionales, Maestro y Doctor en Geociencias, certificado en organizaciones positivas y psicología positiva. Tengo experiencia en geoinformática, cálculo numérico, docencia y proyectos de redes sociales y desarrollo web. Mi objetivo es democratizar y promover la participación activa de las personas en la producción y difusión del conocimiento, fomentar la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico. Soy aprendedor, coleccionista de corcholatas, aficionado de la ciencia ficción y a los juegos de mesa.

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